MOMENTOS OLÉ

Aquellos maravillosos septiembres

Los tiempos, como es lógico, cambian para hacer nuestra vida más cómoda, pero es innegable que, algunas décadas después de que ordenadores y teléfonos móviles irrumpieran en todos los ámbitos de nuestra vida, hay muchas cosas de la vuelta a septiembre que hoy recordamos con cariño y que no cambiaríamos por nada del mundo haber vivido. Ahí van algunas de ellas:


-Padres estresados forrando, etiquetando y ultimando material escolar.
Las nuevas tecnologías y modos de aprendizaje han evolucionado y los centros escolares combinan libros de texto con material digital. Eso que agradecerán las espaldas de los niños en el futuro, porque hay que ver cómo pesaban nuestras mochilas…

-Ir a la biblioteca para investigar sobre un tema.
Hoy Internet nos abastece con la información que necesitamos instantáneamente. Sin embargo, hace unas décadas, si queríamos recopilar datos sobre una materia en profundidad no teníamos otra que desempolvar libros de las estanterías. Ni qué decir tiene que por el camino nos encontrábamos con auténticas reliquias…

-Nuestras madres (entonces las encargadas de este tipo de labores en casa) cosían rodilleras y coderas cuando, tras una tarde de juegos, los pantalones acababan hechos trizas. Esta era la forma de alargar la vida útil de la ropa. ¡Y vaya si duraba!

-Los niños jugaban hasta tarde despreocupadamente en las calles. Canicas, el escondite, fútbol, polis y cacos… Antes de que el tráfico inundara las ciudades, una tarde con nuestros amigos a la intemperie era uno de nuestros pasatiempos preferidos.

-Apuntar los teléfonos de nuevas amistades de verano y cartearnos para mantener el contacto durante el curso. Hoy los teléfonos móviles y el WhatsApp nos permiten establecer una comunicación inmediata y, aunque cómodo, hay que reconocer que la ilusión de esperar a tener noticias de nuestro remitente tenía su encanto 😉

-Quedar con amigos y familiares para enseñarles fotos de nuestras vacaciones. ¡Menuda emoción suponía esperar a recoger el carrete de fotos reveladas y ver qué había salido!

-Estudiar para septiembre. A veces se nos atragantaba alguna asignatura. Entonces, nuestros padres nos llevaban a clases particulares. En principio era un fastidio pero, una vez allí, te encontrabas con otros compañeros y amigos y entre todos te dabas ánimos y acababas pasando buenos ratos.

-Empezar coleccionables de libros, cómics, manualidades, monedas, cromos, soldaditos… Y es que el esperar a conseguir aquel objeto que tanto te gustaba era simplemente genial.

¿Y tú? ¿Qué recuerdos tienes de tu vuelta a las aulas?