MOMENTOS OLÉ

HISTORIA DEL VERMÚ


Hay una hora del día a medio camino entre el desayuno y la comida que, en nuestro país, es toda una institución, especialmente el fin de semana. Esa hora mágica es el vermú. Una costumbre que asociamos a una bebida y también ese momento del día en el que se pica un tentempié y nos dedicamos a disfrutar del placer de una buena compañía. Tan arraigada en nuestra cultura, su historia sin embargo es bastante más antigua de lo que imaginas. ¿Quieres saber más? Pues sigue leyendo y descubrirás un curioso origen. Empezó como remedio para calmar el dolor de estómago, por cierto.

En concreto tenemos que remontarnos a la Antigua Grecia, cuando al célebre médico y filósofo Hipócrates se le ocurrió macerar en vino flores de ajenjo y hojas de díctamo (planta con propiedades curativas). De ahí que en la Edad Media las preparaciones similares recibieran el nombre de “vino hipocrático”.

Sin embargo, como ocurre con todas las buenas historias, existen otras teorías para explicar el origen del hoy tan castizo brebaje. Así, hay quienes lo sitúan en la época del Antiguo Egipto y el Imperio Romano. La propia literatura hace referencia a una bebida que, a todas luces, se parece y mucho al vermú; en concreto en un canto de La Odisea la reina Helena ofrece a su marido Melenao una preparación a base de hierbas egipcias. Igualmente los antiguos romanos (y posteriormente diferentes comunidades monásticas europeas) tenían por costumbre macerar hierbas en vino.


Pero si buscamos su origen más moderno, tal y como lo conocemos hoy en día, tenemos que trasladarnos a la Italia del siglo XVIII. Allí, un tal Antonio Carpano, oriundo de Turín, confeccionó una receta de aperitivo alemán a base de vino y wermut (ajenjo en alemán). Como resultado obtuvo una especie de vino aromatizado con plantas amargas que recibió el nombre con el que se le conoce actualmente. En cuanto a su uso primero se empleaba sobre todo como tónico digestivo, tanto en caliente como en frío. De hecho, las casas de Turín recomendaban tomarlo con un hielo o una rodaja de limón o naranja. Era cuestión de tiempo que sus propiedades estimulantes y digestivas la acabaran convirtiendo en la bebida favorita por las élites más progresistas…

No se nos ocurre mejor manera de celebrar esta historia que con un vermú -o vermut-, (vermouth para los franceses, wermuth en su origen alemán) bien fresquito y unas Toreras para acompañarlo. ¡Salud!